26 septiembre, 2016

Criminal Minds: el intervencionismo como estructura narrativa

Cuidao en la frontera/cuidao donde sea/
que van complotando/los de la CIA
Mano Negra

Por: Rodrigo E. Ordóñez Sosa


Ante la creciente extinción de las grandes ideologías que alentaban el cambio social y las fuentes donde podían beberse ese ideal de combatir la injusticia, la televisión aprovechó ese vacío para ofrecer productos enfocados a crear una aceptación hacia la política de intervencionismo que puso en marcha Estados Unidos. Una muestra de lo anterior es la serie Criminal Minds: beyond borders, que involucra a una fuerza élite del FBI encargada de contrarrestar el sistema de justicia de cualquier país, imponiendo su ley sin importar los procedimientos legales imperantes de los lugares que visitan.

            Criminal Minds: beyond borders es una serie de corte policial americana que narra los casos resueltos por un equipo del FBI en suelo internacional. Con esa premisa simple, se configuran mensajes demoledores contra la cultura de las naciones que visitan los agentes encabezados por Jack Garrett (interpretado por el actor Gary Sinise).

            La estructura narrativa está compuesta de una serie de binomios simples que operan en el argumento de cada capítulo: correcto/incorrecto, bueno/malo, seguridad/inseguridad, entre otros, los cuales justifican veladamente la intervención de su fuerza policial en otros lugares. Inicia la trama con un crimen en suelo extranjero, en donde la policía local “muestra” su incapacidad para resolverlo, por tanto debe involucrarse el FBI, en todos los casos un ciudadano americano es asesinado por un local del país en turno (bueno/malo), presuponiendo que en Estados Unidos no ocurren esos crímenes (seguridad/inseguridad), además que las hipótesis de la justicia local están erróneas (correcto/incorrecto), por ello, deben recurrir a los conocimientos que traen los extranjeros. Así, no es de extrañarnos que la frase de apertura “más de 60 millones de americanos abandonan la seguridad de su territorio y el peligro los acosa”, revele la estructura de toda la serie.

            Para reforzar el argumento que la intervención es una medida eficaz para resolver los problemas que ocurren en el tercer mundo (México, Cuba, Tailandia, África o Corea). Por regla general, los crímenes son cometidos siguiendo rituales culturales del lugar, asociando valores negativos a los mismos; como en los casos ocurridos en África, que los criminales usan los ritos ancestrales para asesinar o cuando abordan el tráfico de órganos con fines rituales, decían que sólo escogieron a los americanos ya que los muertos resucitarían con características superiores (ojos azules o verdes), demeritando la características anatómicas de los pobladores.

            Una escena repetida es mostrar la fuerza política del FBI como medio para doblegar a los policías locales. De esa forma, se inicia con la discusión de Jack Garret con un renuente comandante a aceptar la inevitable imposición, que al final cede ante la intimidación física o la amenaza de la intervención de la embajada americana. Así, la frase más utilizada es que una negativa desembocará en una ruptura de las relaciones diplomáticas y la consecuente suspensión del respaldo de Estados Unidos. Invariablemente, esta intervención es justificada dándoles la razón a los americanos cuando resuelven el crimen y deja abierta la puerta a futuras “visitas”.

            Sin embargo, el último episodio transmitido versó sobre Cuba y se caracterizó por dejar de lado los mensajes velados. En ese capítulo configuran una imagen desvirtuada sobre la Revolución Cubana y, principalmente, sobre Ernesto “Che” Guevara, utilizando como fuente la diatriba disfrazada de argumentos del libro El carnicero de La Cabaña de Lucho Bugallo, quien arremete en contra de los ideales cubanos. Bajo esa premisa, exponen que la influencia de una ideología apartada del american way, es nociva para cualquier americano.

Inicia con una americana sometida sexualmente por otro americano, que detona una experiencia que la “enloquece”, como si esa fuera la única condición mental de quienes adoptan la filosofía del “Che” Guevara. Entonces, seguidora de esa corriente de pensamiento, la transforman en una asesina que sigue el derrotero de la Revolución Cubana, convirtiendo e igualando los hechos históricos a crímenes contra el pueblo cubano, evitando mencionar que el movimiento armado tuvo como motor liberarse de la dictadura de Fulgencio Batista. Como parte de este proceso de desvirtuar la realidad, los agentes del FBI acompañan las evidencias con epítetos contra el guerrillero argentino-cubano como “el matón de Castro” o “El carnicero”. Para reforzar este sesgo negativo, los asesinados eran americanos o cubanos simpatizantes de los Estados Unidos, cometidos por una ferviente guevarista, mientras que, lo más sorprendente, apenas y le dedicaron al abuso sexual un comentario: el autor fue encarcelado.


            Pese al tiempo transcurrido, la serie obedece a los principios que descubrieron Ariel Dorfman (argentino-chileno) y Armand Mattelart (belga) en su libro Para leer al Pato Donald en 1972, quienes demostraron que los productos Disney repartidos en Latinoamérica, principalmente las historietas, eran un medio propagandístico para enarbolar la supuesta supremacía de Estados Unidos. Cruzando sus fronteras, conciben al mundo habitado por bárbaros que necesitan la intervención y entrega de tecnología por parte de los extranjeros como medio para alcanzar la civilización, con el consecuente desprecio y caricaturizando la cultura y formas de vida de los países. Como vemos, pese al tiempo, los mismos prejuicios prevalecen. 

08 julio, 2014

True Detective: los pantanos del sueño americano


Por: Rodrigo E. Ordóñez Sosa

“Sí el bien común tiene que inventar cuentos de hadas,
no es bueno para nadie”

Rustin Cohle
 

Con el pretexto de un asesinato con tintes religiosos, la serie televisiva True Detective inicia un recorrido hacia los rincones más sórdidos del sueño americano, compuesto por asentamientos urbanos donde predomina la pobreza, atando a ella problemas sociales como la prostitución, las drogas y religiones emergentes que desaparecen al llenarse los bolsillos de los predicadores. Ambientada con la oscuridad de las novelas policiacas norteamericanas, la trama girará en torno a un asesino en serie enterrado en las profundidades de una Luisiana en constante oxidación social.

            Alejada de las demás series policiales de moda donde la sociedad norteamericana es representada como un todo funcional donde el crimen es una anormalidad, True Detective retrata la ciudad como una compleja red de corrupción que inicia con las familias que detentan el poder político, judicial y religioso que voltea el rostro para permitir que proliferen los delitos. Semejante a la novela gráfica El Asesino del Torso, en estos asentamientos están diseminados burdeles que emplean adolescentes, bares y picaderos de drogas que infestan el contexto donde se mueven los detectives.

          Creada por Nic Pizzolatto, la narración inicia en 1995 con los detectives Martin Hart y Rustin "Rust" Cohle que descubren en la comunidad de Erath el cadáver de una mujer con una corona de cuernos y maniatada. Este viaje inicia a través del corazón de la ciudad, donde abundan comercios destruidos, corroídos por el polvo y el óxido, prostíbulos atestados, picaderos de drogas; también deberán desenredar los programas religiosos adosados a la educación privada, donde opera una amplia red de pederastas encubiertos desde la cima del poder local. Esta historia abarcará 17 años, divididos en ocho capítulos, donde paralelamente a la pesquisa policial, también mostrará cómo avanzó la pobreza año tras año.

 Además, la ciudad tiene la memoria fractura por los embates de tres huracanes que hizo que los archivos se perdieran en las grandes inundaciones, por esa razón, abundan las casas rodantes, vecindarios creciendo al azar, personas que aparecen y desaparecen de un día para otro. Aunado a lo anterior, esa dispersión ocasiona que los hijos huyan, sean secuestrados o queden a la deriva, perpetuando el ciclo de pobreza y muerte. Vemos como ellos se sujetan con uñas y dientes del último escalón del sistema económico con un sueño de prosperidad empantanado como el paisaje que los rodea. Las únicas vías posibles que tienen para ascender son el comercio de las drogas y la prostitución, con una lógica que recuerda las novelas naturistas de principios del siglo XX.

             Bordeando el maniqueísmo moral, la realidad será diseccionada a través de los recuerdos, sin archivos policiales por las inundaciones, los detectives deberán exponer nuevamente el caso 17 años después, donde la reflexión abrirá dos líneas temporales: el pasado y el presente; el primero sometido a una serie de justificaciones para salvarse de ir a la cárcel. Ante esa distancia temporal, ambos detectives, entrevistados por separado, cuestionan la creciente ola de crímenes y la pasividad del poder para frenarlos, sin embargo van más allá y presentan el florecimiento de las iglesias de carpa que recorrían los Estados Unidos ofreciendo su versión de la palabra divina (una mezcla de citas bíblicas y frases de superación personal). Esta nueva religiosidad que funcionó como paliativo para sobrellevar las carencias financieras, la cual en palabras de Cohle significa que las personas prefieren lanzar unas monedas al pozo de los deseos que procurarse una mala cena.

             Con estos elementos aparentemente periféricos que rodean la serie, el creador construye una visión desesperanzada de los Estados Unidos, donde los monstruos y las pesadillas deambulan con más frecuencia que las que admitiría una sociedad basada en un sistema social que simula ser perfecto. La conclusión que se desprende de esta serie, pese a que al final adoptaron el mensaje esperanzador televisivo, convirtiendo al cínico de Cohle en un optimista, el mensaje construido en segundo plano será que la herrumbre y la miseria que carcome el alma humana seguirán devorando los bordes de la vida, hasta convertirla tan sólo en un acto de venganza donde lo único que sobrevive es el círculo de la violencia.

29 septiembre, 2013

La eterna errancia desesperanzada del gaviero

Con la noticia de la muerte del escritor colombiano Alvaro Mutis recordé sus paisajes repletos de desesperanza, aquellas selvas donde debías desenterrar tu destino entre caminos polvorientos.
 
          En su narrativa la desesperanza es el resorte que dispara el puente que une las siete novelas que componen el mundo literario de Maqroll el Gaviero. Para el autor la desesperanza es la arquitectura que sostiene el alma del protagonista en su devenir existencial.
 
          Entonces, la desesperanza es un estado de ánimo que alcanzamos al comprender que somos parte de “esa dolorosa familia de los lúcidos que han desechado la acción, de los que, conociendo hasta sus más remotas y desastrosas consecuencias el resultado de intervenir en los hechos y pasiones de los hombres, se niegan a hacerlo, no se prestan al juego y dejan que el destino o como quiera llamársele, juegue a su antojo bajo el sol impecable o las estrelladas noches sin término de los trópicos”.
 
          Sin embargo, quienes han comprendido los axiomas de la desesperanza no permanecen pasivos ni renuncian a participar en la vida, sino que continúan charlando, amando, trabajando, porque ellos saben que apartarse de la existencia no evitará los hechos que darán cuenta de su vida. Unicamente con la participación lúcida en la vida, lograrán una sensación de existencia, que hará más ligero el transcurrir del tiempo sin “volarse los sesos concienzudamente”.
 
           En la literatura contemporánea, plantea Alvaro Mutis, los signos y elementos de la desesperanza están presentes en diferentes zonas y circunstancias. Aunque resume esta condición en cinco elementos indispensables: lucidez, incomunicabilidad, soledad, muerte y esperanza. Maqroll cumple con todas las características, cuya suma es el motor que mantiene errante su vida.
 
       La lucidez evitará que nos ilusionemos con las promesas falsas de la vida. Para Mutis la desesperanza y la lucidez están en una simbiosis que los complementa, “a mayor lucidez mayor desesperanza y a mayor desesperanza mayor posibilidad de ser lúcido. A reserva… de que esta lucidez no se aplique ingenuamente en provecho propio e inmediato, porque entonces se rompe la simbiosis, el hombre se engaña y se ilusiona, ‘espera’ algo, y es cuando comienza a andar un oscuro camino de sueños y miserias”.
 
        La incomunicabilidad es la segunda condición para quienes comprenden la naturaleza de la desesperanza, porque “…se intuye, se vive interiormente y se convierte en materia misma del ser, en sustancia que colora todas las manifestaciones, impulsos y actos de la persona, pero siempre será confundida por los otros con la indiferencia, la enajenación o la simple locura”. Esta incomunicabilidad impedirá que existan los confidentes así como nuestra pareja tampoco comprenderán nuestra imposibilidad de comunicar nuestra situación vital ni la necesidad de recorrer el mundo, sin establecernos en ninguna parte.
 
        Como consecuencia de la incomunicabilidad de la desesperanza, la soledad es la tercera característica del alma. Así, las mujeres y los amigos íntimos son encuentros intermitentes marcados por el azar más que una programación de los mismos, por ende, será una soledad que nace por la imposibilidad de los demás de seguir a quien vive sin esperanza.
 
       La muerte es otra condición para quienes conocen de cerca el desaliento, porque el desesperanzado es alguien que logró digerir estoicamente su muerte, es decir, de escoger y moldear su fin. Maqroll acomoda las piezas que el destino coloca en su camino para que a través de la lucidez enfrente su hora final.
 
        La última condición del desesperanzado, contrario a la connotación de la palabra, es no pelearse con la esperanza. No está reñido con ella, sino que es un breve entusiasmo por el goce inmediato de efímeras dichas. Sin embargo, debe entenderse que la esperanza es aceptada en forma parcial y es aceptada sólo en los más momentáneos límites de los sentidos y conquistas del alma.
     
      En su mundo literario existen personajes que deambulan en una suerte de conjuro por los rincones más apartados del globo terráqueo, para cumplir con su destino. Así, Maqroll recorre los lugares donde la desesperanza asentó sus reales, donde sólo los lúcidos atisban los signos escondidos en la monotonía de los días, ya sea en una fonda olvidada, un puerto del trópico o en los cuartos de hotel. En ese trópico latinoamericano tendrá su cuna la desesperanza, por la abundante vegetación descolorida, esquelética, en esos taciturnos ríos lodosos, en las nubes de mosquitos y pueblos devorados por el polvo y la carcoma.

      Finalmente, siempre creí que el cielo se ajusta al poema Caravansary de Alvaro Mutis, un punto donde convergemos sin importar condición social ni creencias religiosas, un centro donde una multitud de voces y leguas intercambian información así como dibujan en la aridez del paraíso un biombo para hacer más soportable la eternidad.

03 octubre, 2012

El lenguaje del miedo

La posmodernidad cambió el rostro de la teoría moderna porque planteó una sociedad construida a la carta, en la cual los individuos tienen la opción de construir su personalidad con una amplia selección de ideologías, religiones, hábitos alimenticios, inserción a grupos sociales diversos, y un largo etcétera. Esa fase del individualismo, evidentemente, no supone un compromiso con las opciones de nuestra elección, al contrario, podemos renunciar a ellas y cambiar por completo nuestro discurso; lo anterior ocasionó una homologación del lenguaje, sin embargo, las fronteras lingüísticas, los localismos y las palabras que distinguen a una región, se perdieron como fuente de riqueza literaria.
Así, las novelas ya no reflejan el espíritu de una comunidad, sino pareciera que una obra literaria podría ocurrir en Buenos Aires, México o Colombia, sin que distingamos una ciudad de otra. Esa situación traería consigo una estandarización de las novelas producidas a finales del siglo XX y principios del XXI, situación que autores como Pablo Raphael en La fábrica del lenguaje S.A. postulan es ocasionada por el monopolio de las editoriales españolas en Latinoamérica, quienes han homologado el lenguaje como parte de un proyecto de estandarización de la lengua, con tintes comerciales, suponiendo que el lector carece de inteligencia para comprender la riqueza de la lengua.
Aunado a lo anterior, percibimos que el lenguaje tiene otro cambio radical en las categorías que emitía para ordenar el mundo. En primer lugar, van quedando atrás la función de dividirnos la realidad acorde a la división del trabajo, la colocación de nuestro rol en la sociedad y la dicotomía moral que ha caracterizado al español, para ceder un espacio importante a la incertidumbre y a la edificación de un cuerpo conceptual basado en el miedo.
En México, asolado por las sombras del narcotráfico y las ejecuciones que vulneran el derecho más elemental a la seguridad y la paz social, ha trastocado el universo cotidiano para demostrarnos nuevos patrones de conducta, palabras y literaturas marginales que, en conjunto, socavan nuestra ilusión de confianza en ese esperanzador mañana con que nos arropábamos todas las noches. La credibilidad de las instituciones policiales descansa pulverizada, principalmente por las implicaciones que tiene con los grupos criminales que gobiernan este país; ahora leemos que el Ejército está implicado en nexos con los cárteles de la droga, situación que aún deberá demostrarse.
Entonces, ¿quién resulta ganador en este debate sobre nuestra seguridad, cuando el Estado demuestra su incapacidad para garantizar la tranquilidad de sus ciudadanos? El mercado, indudablemente.
Esa incertidumbre permea en todos los ámbitos de lo cotidiano, alentado por las políticas del mercado que vislumbraron un terreno fértil para diversificar sus ganancias. Así, el lenguaje del miedo incluye palabras como blindado, seguros de vida, cercas electrificadas, cámaras de seguridad, empresas de vigilancia, rastreadores, alarmas, entre otros.
Como dijimos líneas arriba, el Estado subrogó esa obligación a las empresas particulares, permitiendo que el discurso de la inseguridad se convierta en la mejor forma de promocionar los artículos de defensa personal y terminar de demoler las paredes de la Esperanza, sembrando las raíces de la incertidumbre y la paranoia a niveles inconcebibles.
A la par, la literatura marginal, como las narconovelas, dan cuenta del nuevo modelo de lenguaje que opera en lo cotidiano. Las estrategias de defensa ante los tiroteos, programas especiales implementados en las escuelas, similares en Estados Unidos, ante un posible ataque nuclear, están retratados en los nuevos libros que abordan el tema del miedo.
Un fenómeno similar ocurre con los investigadores en el terreno del ensayo, en el cual vemos los estantes de las librerías abarrotados sobre los fenómenos de las ejecuciones, las biografías de los grandes cárteles del narcotráfico, de los capos, hipótesis que dan cuenta de los orígenes de los mismos; también, están esas historias paralelas, sobre el tráfico de seres humanos, la migración, la pornografía infantil, secuestros, extorsiones y amenazas, todo un universo de palabras que nos explica el origen del miedo, más no la forma de erradicarlo.
El lenguaje del miedo tiene raíces más profundas que las evidentes, en la modernidad soñábamos con un futuro prominente, en el progreso, en la razón como arma para cincelar un camino exitoso. Hoy, en la posmodernidad, el futuro dejó de contarse en años para instalarse en el presente, en ese placer mundano y fugaz, pero inaplazable, porque hemos descubierto que las grandes promesas de trabajo son humo y espejo y que la violencia carece de lógica.
El destino, ese plan trazado con antelación por las fuerzas divinas o nuestras manos, sólo lo podremos alcanzar, si nuestro chaleco antibalas tiene la resistencia marcada en la etiqueta.

27 febrero, 2012

Presencia de Efraín Calderón Lara “El Charras”

Por: Manuel J. Tejada Loría

¿Escuchas quebrarse mis dedos, Efraín,
mientras escribo tu nombre?
Rodrigo Ordóñez Sosa


Esas otras realidades que suceden fuera de las imposiciones del marketing y el comercio. Esto es lo que ocurrió el martes 14 de febrero pasado, mientras los restaurantes y bares de la ciudad de Mérida eran saturados por ávidos comensales del sentimentalismo.
En Mérida también, pero hace 38 años, el 14 de febrero de 1974 Efraín Calderón Lara, por todos conocido como “El Charras”, fue brutalmente asesinado. El crimen sigue impune. En el marco de su aniversario luctuoso, Cristóbal León Campos, de la Red Literaria del Sureste, con apoyo de la Secretaría de la Cultura y las Artes, organizó un evento artístico-literario denominado “Testimonios, poesía, y música del movimiento obrero-estudiantil del 73-74”, con el objetivo de que esos años de terror en Yucatán no queden en el olvido.
Como parte del programa, Pedro Quijano, protagonista de aquellos años y amigo de Efraín Calderón, dio testimonio de los sucesos acontecidos los días previos y posteriores a la brutal ejecución. A la par de sus recuerdos se estuvieron proyectando documentos relativos al movimiento social, así como fotografías que mostraron el estado de sitio en la ciudad. En dicha proyección destacaron las portadas de la revista POR QUÉ?, del periodista Mario Menéndez Rodríguez, y su llamado a la sociedad yucateca para no mantenerse al margen de las injusticias.
La parte literaria del evento, realizado en la biblioteca “Manuel Cepeda Peraza”, estuvo conformada por una lectura de poemas pertenecientes al libro “Persistencia del tiempo”, del poeta Rodrigo Ordóñez Sosa. Sus versos, dedicados a la memoria de Efraín Calderón, fueron leídos por Rosely Quijano León, Francisco Puch Mis y Rodrigo Quijano Arjona.
Es importante señalar que este libro de Rodrigo Ordóñez Sosa es en sí una memoria poética e histórica en todo sentido, ya que va acompañada de citas, imágenes e incluso “pintas” que aparecieron en las paredes de Mérida durante las manifestaciones. El poeta nos permite del mismo modo escuchar la voz de un personaje olvidado en esta historia, la de Lupita Terrazas, pareja sentimental de “El Charras” al momento de su muerte. La cita que da pie a este texto corresponde precisamente a dicho capítulo.
Luego de la lectura inició un intercambio de comentarios entre el público asistente, incluso hubo testimonios espontáneos de quienes fueron parte del movimiento de esos años, entre ellos Lorenzo Salas y Raúl Guerrero. Otros, como José Juan Cervera o José Luis Domínguez Castro, abogaron para que se continúe de una manera más sistemática con la labor de recopilación de los documentos históricos emanados de este suceso.
Parte de la bibliografía existente sobre este movimiento y el asesinato de Efraín Calderón Lara, propiedad de Cristóbal León, pudo observarse en una exposición montada durante el evento.
Este es el tercer año consecutivo en que se lleva a cabo el homenaje al luchador social asesinado durante el gobierno de Carlos Loret de Mola, y me constan los esfuerzos emprendidos por Cristóbal para realizarlos desde mucho antes. Esperamos que las autoridades mantengan esta apertura de permitir que en espacios públicos se reflexione en torno a hechos que son parte ineludible de nuestra historia.

Addenda

El libro de Rodrigo Ordóñez Sosa, “Persistencia del tiempo”, editado por el Instituto de Cultura de Yucatán y CONACULTA, tiene un costo de cien pesos y puede conseguirse en la librería de la SECAY, en la 18 con 23 de la García Ginerés.

Publicado en el Periódico Por Esto!
 

28 septiembre, 2011

Persistencia en el tiempo: Memorial poético

Por: Carlos Peniche Ponce


Vengo hoy a apoyarme en la nota/prólogo del prestigiado poeta y prosista yucateco Raúl Renán -por cierto, fraterno tutelar mío desde la niñez-, y a tener el honor de decir dos palabras apenas, con tal de proclamar emocionadamente el ímpetu de la poesía y la verdadera presencia de un poeta. Me refiero, desde luego, al libro de Rodrigo Ordóñez Sosa que el día de hoy nos convoca.
(Entre paréntesis, es bueno antes recordar que, en el mismo año aciago de 1974, el escritor y poeta chiapaneco Óscar Palacios -Premio Chiapas- tuvo el primer acercamiento poético al terrible asunto que magistralmente aborda hoy el poeta Ordóñez; sin olvidar, tampoco, la conocida novela Charras del afamado narrador yucateco Hernán Lara Zavala).
Este libro/poema, sabiamente denominado Persistencia en el tiempo, consiste en un tenso e intenso poema narrativo, evocador del bárbaro suceso que puso fin a la vida del líder universitario y abogado sindical Efraín Calderón Lara, el cual tuvo lugar en la Mérida de hace casi cuarenta años.
El hilo narrador del valioso texto marca, a través de sucesivas palpitaciones profundas del autor, la secuencia humana y espiritual, poéticamente apabullante, de aquellos infames acontecimientos. En un texto soberanamente elegíaco, el poeta proyecta a un punto la épica y la lírica, fundidas aquí ya para siempre.
El poema, prolijo y desenvuelto, se eleva gradualmente para arder como antorcha en cuatro cantos decisivos: El tiempo, la rebelión. Cárceles presentidas. El polvo, la espada. Y Efraín, el sueño. De este modo, los lectores avanzamos conceptualmente y melódicamente a la vez, gracias a la manifestación dolida e indignada del espíritu del poeta -expresada en sus diversas voces-, y en virtud de las imágenes poderosas e iluminadoras que consigue, así como por el ritmo y la sonoridad que exhibe su lenguaje. Escuchemos algunos muy encomiables versos de esta voz poética:
Son las ciudades del silencio que se disipan… Tus huesos son la primera piedra… ¿De dónde surge el muñón del odio que forja ciudades?... Correteo en una ciudad con filo de navaja... El poeta permanece en su esquina, quiere contar la métrica de una puñalada… Sólo nos queda el monte alejándose de la humareda… Llegamos a la cárcel/ con el verso en ristre… Cómo hablar del hombre, cuando venden sus brazos por un cigarro… alguien escribió que el poeta saluda/ al sufrimiento amado… un escupitajo para quitar el tiempo…
A veces, también, adopta la concepción de una Prosapoema. Por ejemplo, además de en otras páginas, en la número 22:
El carro se retuerce,/ bufa/ intenta tirar del volante,/ lo sujeto con ambas manos// el tiempo, arrojado desde la ladera,/ rueda hasta despeñarnos,/ empuja,/ golpea,/ sangro,/ somos cristal esparcido en la carretera.
¿Cómo, por qué golpeó el alma y la sensibilidad de Rodrigo Ordóñez este crimen desalmado, esta ejecución impía, sanguinaria? Por su condición ciudadana, pero, ante todo, debido a su condición inevitable de poeta. Por lo que significa la injusticia infamante que cae abrupta, siempre, contra las luchas sociales. Pero además, por la víctima individualizada, el mártir; por el imperdonable sacrificio del joven, valeroso y temerario dirigente, ejecución abyecta que horadó de dolor al poeta de hoy y que entonces aún no nacía… Aquí es donde prendió fuego el acontecimiento implacable sobre el trémulo corazón del niño/adolescente/joven Rodrigo, quien lo tuvo que transformar en poema, en poesía: sollozo ronco de duelo, de coraje, de ternura ante el luchador masacrado…
En este momento quiero opinar que la vanguardia a la que alude el maestro Raúl Renán -además del intercalado de los recortes de prensa, declaraciones y fotografías- no se refiere, en general, al más puro sentido del término; sino, particularmente, a una vanguardia revolucionaria debido al tema tratado, cantado y contado, ya que la metálica, templada poesía de nuestro autor recuerda los pasos del inmenso poeta salvadoreño Roque Dalton (asesinado, por cierto, a manos de sus compañeros revolucionarios), del notable nicaragüense Joaquín Pasos y de los integrantes del grupo mexicano “La espiga amotinada”, así como los ecos históricos del México de José Revueltas, el indeclinable novelista, y de los guerrilleros ajusticiados Lucio Cabañas y Genaro Vázquez Rojas.
¿Escuchas quebrarse mis dedos, Efraín ,/ mientras escribo tu nombre?... Para que la rabia muerda la lengua/ de los hombres…
Este libro es clara, rotunda poesía que transporta hacia viejos resquicios poéticos y de canto de otros tiempos, de luchas obreras y estudiantiles, y de gobiernos prepotentes. Y este linaje no tiene nada de malo, sino todo lo contrario.
Y me parece que podría, incluso, decirse que es poesía a destiempo. Pero este destiempo no significa que sea olvido, al contrario. La poesía (y los poetas, como Rodrigo) no olvidan; sacan a relucir historias que se quieren silenciar y olvidar, volverlas amnesia o sueño difuso, bruma.
Sin embargo, aquí está, estará siempre entre nosotros, la palabra poética para recrear la historia de nuevo. Se puede –se debe—impartir justicia con un poema. Y para eso sirve la literatura.

Publicado en el periódico Por Esto! el 27 de septiembre de 2011

04 agosto, 2011

El sitio sobre la incertidumbre

La neblina nocturna desciende espesa sobre la ciudad. Irreal, dibuja los límites nuevos del asfalto, sacia su hambre en los edificios, deja los esqueletos oxidados de las lámparas luchando contra su oscuridad. La única luz posible emana del libro “Y el estado de sitio”, de la escritora Ileana Garma. Sobre la mesa, insinúa sus muros asediados con la esperanza que el lector sea el salvoconducto idóneo para liberar sus fronteras.
El Estado de Sitio es un control político y militar impuesto en una entidad federativa cuando las condiciones existentes en la sociedad son similares a la guerra. Entonces, las fuerzas armadas son dotadas de facultades extraordinarias para restablecer el orden, con el objetivo de evitar que la población se desborde ante la ausencia de los poderes constitucionales. Con esa idea entré al universo de Ileana Garma, me sumergí en la caravana de palabras para descubrir mi incertidumbre a través de sus ojos, los cuales contemplan el mundo como un caos y fragmentos de emociones olvidadas que se entrelazan en nuestro espíritu.
El poemario abre con una declaración de ausencia, de un líquido que nos hace falta para levantarnos de la cama o para sentir nuevamente la fugaz felicidad de sentirnos amados, esa ausencia será un dolor extendiéndose hasta estrellarse con la eternidad. Con los primeros versos comprendemos que hay días que sólo estamos hechos de lágrimas e impotencia. Tal vez miramos nuestra vida como una caravana de recuerdos, de trenes que contienen una carga mínima pero significativa: momentos vitales tan escasos, tan frágiles, que pareciera decirnos, en el segundo poema, que la vida, en realidad, no es tan larga como suponemos. Únicamente nos sujetamos con fuerza del último vagón para desear que la palabra pronunciada no sea la definitiva.
La voz poética tambalea sobre los bordes de la incertidumbre, de ese dolor primigenio que nos arroja hacia los recuerdos, a esos callejones circulares que forman parte del esqueleto de la nostalgia. La autora, consciente de la trampa, retoca sus recuerdos para reinventarse en las imágenes que relampaguean en sus versos. Sin embargo, para dejar atrás la pesada piel que envuelve a los solitarios y a los desamparados, es necesario desollarnos con la lluvia, porque esa fuerza borra cada promesa incumplida entre los amantes. Después de cada lluvia poética, descubrimos las barreras, los cambios vislumbrados, para que al finalizar la travesía, descubramos que ni en el amor existe la certeza y todo es un juego de máscaras, donde acabamos separándonos con sólo una bolsa de memorias al hombro, que de tanto visitarlos, empiezan a romperse.
A la medianoche, el poemario desenvuelve la melodía que habita en sus cicatrices. La construcción de cada verso nos transporta al estado de tranquilidad que cobija el viajero, cuando sus pies reposan sobre los sueños y la ansiedad que despierta conocer un país desconocido. Ese ritmo vislumbra ante mis ojos la ilusión de una frontera añorada, la cual atravesamos guiados sólo por la mano hábil de Ileana Garma. Ella revela las fracturas de su mundo interno, cuando terminamos de visitarlo, nos damos cuenta que ya habitamos en él.
Con cierta ironía por parte de la autora, regresamos al principio, a la pregunta vuelta título, dónde está el estado de sitio, quién lo impone, qué fuerza o poder supremo lo ha declarado: solamente el lector tendrá la respuesta, porque únicamente nosotros conocemos el dolor que nos obliga a caminar sonámbulos y la causa de nuestra apatía cuando la niebla nos arrebata inmisericordemente la ciudad, mientras reposamos sobre el libro.

Publicado en el Periódico Por Esto!
1 de agosto de 2011

22 julio, 2011

Carta triste para Zací


Apreciada Zací: escribo sobre la mesa de mi cuarto, la tarde se desprende del café para mezclarse con el aroma a pasto recién cortado, y mientras el sol raya el barrio de Santa Lucía, cada destello descubre un rostro nuevo sobre la cúpula de su Iglesia, mueve los tres arcos que rodean su puerta hasta abrazarla puntual cuando la tarde muere entre las calles de la zona y se enciende el primer farol en el costado norte. ¿Don Luis Rosado Vega ronda estas ideas?
Ciudad Heroica que devino gavilán blanco, con perfil heráldico, custodias el secreto que guardan tus paredes, pero la noche puede tocar el sonsonete exacto para que tus piedras canten, murmuren y revivan todas las voces de los niños que han acariciado tus imponentes sueños. Los más afanosos recorren el suburbio con la mirada cansada, silban en el trayecto que los lleva a casa, dejan pruebas de su paso por Zací, intuyen que, sin importar los siglos que transcurran, las piedras resguardarán su voz de la seca previa; sólo los poetas vallisoletanos conocen la geografía de tu nostalgia, ciudad que desde mi ventana los veo sentarse en el parque de Santa Lucía, presentando sus palabras a tu voluntad de flama. ¿Habrá rincón de las alturas que no haya esbozado José Inés Novelo?
Los niños recorren el parque dejando filigranas del territorio infinito de su infancia: una piedra arrojada con descuido, sus huellas sobre los árboles y los juegos metálicos donde esconden sus sueños, sueños que sustentan el alma de la ciudad. Como nadie, tus piedras saben que mañana vendrán a acariciarlos, cuando, también, sus hijos alimenten con juegos y anhelos las noches serenas de un barrio cubierto de riqueza auténtica, que generaciones enteras batallan por mantenerla viva. ¿a quién pertenece esta idea que fluye en el aire vallisoletano?
Es tiempo de retirarnos de la mesa, tu silueta rodó hasta el fondo de mis ojos, impregnando con tu aroma cada recuerdo oculto, quisiera materializarte cuando esté en otras ciudades, en otras tierras, sólo puedo llevarme las artesanías que elaboraban los orfebres con los cristales de la añoranza. No quiero cargar en los bolsillos del pantalón la tierra que circunda tu geografía, sino atrapar en mis oídos las voces remotas y presentes que soportan tu estructura, cerrarlos para escuchar únicamente el sonido del aire al rozar tus edificios, sobre todo esa melodía que arrulla a tus habitantes cuando la noche se encuentra en la pausa más elevada.
Zací es imposible que tengas sabor a polvo, sino a maíz recién tostado que las manos hospitalarias de tus hombres y mujeres ofrecen al viajero que reconoce la grandeza de tus calles; y aunque todavía permanezco saboreando la nostalgia que despiden las tardes sobre Santa Lucía, no quiero abandonarte sin antes escribir esta carta, para que la ocultes entre tus piedras, para que cuando tus muros sean bañados por el aire, mi voz forme parte de tu herencia. Santa Lucía cierra los ojos al rocío, mientras sueña dentro de mí.
Publicado en el Periódico Por Esto!

26 febrero, 2011

Por qué leo cómics

Muchas veces me han hecho esa pregunta, la respuesta a veces no agrada a todas las personas porque esperan una contestación un tanto elaborada o que justifique mi adicción como parte de un estudio literario más complejo o seudo erudito sobre la estructura o los temas que tratan, sin embargo la respuesta es más sencilla: porque me agradan y me hacen creer en un mundo mejor.

Talvez sean producto de una diabólica manipulación ideológica impulsada por Estados Unidos o Japón, un complot de Disney para monopolizar el mercado, sin embargo el mundo depende de como lo mires; en ellos he encontrado un universo delimitado entre los correcto e incorrecto, entre los valores que aspiramos que tenga una civilización y el compromiso de entregarnos a un ideal hasta verlo convertido en realidad.

Obviamente me refiero a los primeros que coleccioné, ahora las historias están enfocadas a mostrar el mundo como un inmenso gris, donde los superhéroes y villanos están divididos por líneas tan tenues que apenas las percibimos. No hay nada malo en ello, al contrario, la modernización de sus tramas, dibujos y esquemas de pensamiento siempre son bienvenidos, evitan la repetición absurda de modelos que hoy en día parecen obsoletos ante la violencia y la irracionalidad que muchas veces hay en nuestros actos.

En los primeros números que tuve en mis manos, allá en el lejano 1985, me hicieron mantener la esperanza en un mundo mejor, donde las acciones correctas no se confundían, donde no había una conspiración económica, política, religiosa o social escondida, simplemente era una lucha entre dos fuerzas sin medias tintas.

Apenas ayer releí varios ejemplares que conservo en mi librero, al palpar sus hojas amarillentas y pasar los ojos sobre sus historias, renació en mí esa idea de un mundo más sencillo, con héroes que aún inspiran a seguir su camino, no saltar edificios usando nuestra pijama como red, sino esa certeza de que una buena acción impulsará cientos más.

Siempre me han acusado de pesimista, sobre quienes han tenido la desgracia de leer mis esbozos de poemas, para abatir esa idea de una sociedad irremediablemente mordida por las violencia, agusanada y en vías de marchitarse, es que regreso a mis cómics, en ellos bebo ese idealismo que hace falta para regresar otra vez a la realidad y no morir abofeteado por ese olor a cadáver que lentamente se apuntala entre sus huesos.

Definitivamente a esa pregunta, la única respuesta nace de ahí. Cuando leemos no es necesario hacer un desplegado teórico o elaborar una cinta para desarmar el libro hasta sus estructuras mínimas, sino que podemos leer por placer, para entretenernos y aprender algo en el camino, con el cómic pasa lo mismo, los abrimos por placer.
 
Lamentablemente la edad hace que tengamos una justificación para todo, porque perdemos la niñez y ya no hay forma de abrevar en ella en los momentos en que estamos golpeados por la rutina. No necesito explicar más mi punto y quien aún se pregunte por qué leo cómics, dedique unos diez minutos de su tiempo para abrir uno y sumergirse en ese mundo, que talvez no dé consuelo, pero le permitirá creer que los ideales aún existen.

publicado en Por Esto! 26 de febrero de 2011

07 enero, 2011

The Walking Dead: la humanidad al límite

A lo largo de la historia del cine del siglo XX y principios del XXI hubo una explosión de películas de terror centradas en la figura de los zombies como promotores del Apocalipsis, seres humanos mutados a consecuencia de un virus, un experimento militar fallido, proveniente de otro planeta, sea el origen que quiera, sólo una cosa es cierta: la humanidad es llevada hasta el extremo de su moral y ética para sobrevivir.

Iniciado el género con George Romero con La Noche de los Muertos Vivientes, permanecen algunas constantes en la labor de muchos guionistas y directores, como sería sintetizar la civilización en un grupo de sobrevivientes que representan puntos de vista divergentes sobre las decisiones que deben tomarse para seguir con vida así como el peligro que entraña no los zombies, sino los mismos seres humanos que anteponen sus intereses personal a los colectivos.

La serie de televisión está basada en el cómic mensual The Walking Dead, escrita por Robert Kirkman y dibujada por Tony Moore, donde se narra la desesperación de un grupo de seres humanos ante el inminente Apocalipsis zombi y sus esfuerzos por sobrevivir en un mundo donde las reglas sociales se han torcido tanto, que lo peor que puede pasarte no es ser devorado por los muertos vivientes, sino caer en garras de otras tribus de supervivientes.

Tal vez la televisión no ofrezca muchas opciones interesantes hoy en día, sin embargo la serie que reseñamos tiene una estructura demoledora en cuanto a percepción del mundo social. Las prioridades han cambiado, el agua, la gasolina y la alimentación continúan siendo vitales para los hombres, la diferencia estriba en que son canjeadas por cajas de herramientas, piezas de refacción para vehículos o armas.

En el contexto de la serie, las relaciones humanas son efímeras y las decisiones que deben tomar en caso que un ser amado sea infectado, devastadoras. Las nacientes tribus urbanas recorren el país en busca de alimento entre los escombros, debido a que no pueden asentarse lo suficiente en un lugar, por los constantes ataques de los muertos vivientes. En ellas, la religión se transforma en un verdadero acto de canibalismo, sin simbolismos y la justicia es aplicada cuando ésta no afecta la capacidad de poder de los sobrevivientes, porque se necesitan todas las manos posibles para enfrentar una horda de zombies.

Pese a las dudas que tenían muchos lectores del cómic sobre la calidad de la serie, a más de uno dejó boquiabierto, porque los efectos especiales, la narración visual y la estructura de las secuencias son endiabladamente buenas. Inicia con el alguacil de policía, Rick Grimes, despertando de un coma en un hospital, a consecuencia de un balazo que recibió en cumplimiento de su deber, leyendo las inscripciones de la pared (no la abras, la muerte esta detrás), sale dando traspiés para descubrir una pirámide de cadáveres en el segundo piso del nosocomio, un ejército de moscas sobre la ciudad, tanques y vehículos abandonados, y sin comprender lo que sucede, se dirige a su casa para descubrir que su esposa e hijo ya no están. Ahí empieza la odisea del protagonista, que junto con él, iremos descubriendo que le pasó al mundo.

Después de varias aventuras, encuentros y desencuentros con grupos de sobrevivientes, logra llegar al campamento de un antiguo compañero de la policía. El único defecto que señalaría sería la imitación, al igual que muchas historias sobre el Juicio Final, es la radio de emergencia anunciando un paraíso en una frontera lejana, el giro lo da la muerte de la esperanza y el descubrimiento de que la explicación de la plaga, es que no existe ninguna, (en homenaje a la primera película de Romero, donde la causa de la infección es desconocida, ya que podría ser un virus hasta una contaminación extraterrestre), y con ese descubrimiento la semana pasada concluyó la primera temporada de la serie.

La serie promete giros argumentales diferentes a los plasmados en el cómic, cuyas primeras muestras en los seis capítulos que abarcó la primera temporada dejaron gratas sorpresas para los seguidores del género.

Quienes no han tenido la oportunidad de verla, esta semana repetirán toda la saga y es una buena oportunidad para adentrarse en un proyecto que promete mucho, ya que la muerte siempre ha estado detrás de la puerta, ¿tendrás el valor de abrirla?

Publicado en Por Esto!

Raúl Renán: un combate a muerte contra el espacio en blanco

Existen momentos en que los recuerdos se agolpan como violetas obscuras sobre nuestro pecho, semillas de las que brota la nostalgia como remedio contra la desidia, y de ahí nace el asombro, ya que en literatura es la condición fundamental para atraparnos en lo que leemos, significa dejar atrás la monotonía y adentrarnos en un universo que dobla su estructura hasta que nuestra alma queda de cabeza, los sentidos destrozados y sólo queda la admiración ante un autor que sabe demoler nuestros cimientos, ese es el poeta yucateco Raúl Renán.

Tardíamente lo descubrí, lo admito, pero en parte tal vez fue lo mejor, porque después de leer Mi Nombre en Juego, honestamente me quedé atónito y con una sensación de imposibilidad para superar una estructura poética que se desdobla, se retrae y expande con la única finalidad de devorar el espacio en blanco, de romper los límites de nuestra lógica hasta que las palabras, como dicen sus poemas, sean accesibles a los lectores con vocación de fuego, aquellos que no tienen miedo a entrar de cabeza a la hoguera en que la palabra resucita con un nuevo significado.

Raúl Renán es un poeta exiliado que inició con un rechinar de dientes un universo poético que entiende mi orfandad, mis requiebros y que intuye las grietas por donde fluirá mi cólera. Con César Vallejo aprendí el compromiso del poeta con el mundo, de su incansable batalla para saludar al sufrimiento armado y Raúl continúa esa tradición de lucha desde la palabra y por la palabra.

Mi Nombre en Juego abre con un soneto que puede leerse en tres formas diferentes, son poemas trabajados para expandir el significado de cada verso, en los que la imaginación del lector será la guía y quedará a su elección cuál lectura elegirá. Existen cuadros e imágenes poéticas sobre momentos históricos, sobre autores perdidos en las venas del tiempo, pero el poema que capturó por completo mi atención está dedicado al Salmón, un poema que corre de abajo hacia arriba, representando la lucha por sortear los obstáculos que la vida pone frente a nosotros, un poema de una manufactura excelente y con una creatividad devastadora.

Hace poco conseguí en la feria del libro, en el Parque de las Américas, Cuadernos en Breve, de Raúl Renán (que el trabajo ha impedido que le hinque el diente), y Diálogos en Voz Baja, de José Francisco Conde Ortega, quien recopila las tertulias literarias, en las que la figura predominante es Raúl Renán. En ellas, nuestro yucateco es un hombre de libros y punto central en las reuniones de la colonia Roma.

Entre sus obras también destaca Emérita, poemas confeccionados sobre Yucatán cuya estructura juega con los símbolos locales, como la figura del henequén, de sucesos y emociones que despierta el terruño en la imaginación del exiliado, de quien ve la península como un espacio añorado, una amante ingrata que usa nuestros huesos para saciarse y después dejarnos a la deriva.

Mención aparte merece la labor que Raúl Renán hace como tallerista, porque muy pocos escritores tienen el don de enseñar sin contaminar la obra del escritor en ciernes con su propia voz. Tuve el privilegio que me revise unos textos pese a lo complicado de su agenda de trabajo, revisiones enfocadas a depurar el estilo poético, sin quitar contenido, sin ofender al autor, que en muchos talleres es práctica común primero destruir el espíritu de los jóvenes para después moldearlos a su imagen.

En este espacio quiero agradecer al destino literario por poner en mis manos los libros de un autor congruente entre su obra y vida, que enseña siempre con el ejemplo, modesto, sin falsas pretensiones ni deslumbrado por su fama.

Maestro Raúl, gracias por compartir esos combates contra el espacio en blanco que muchas veces llega a ser nuestra existencia y, sobre todo, por permitir que sus libros sean el oasis donde uno abreva en los momentos en que el desierto amenaza con borrar nuestra batalla contra la corriente.

Daniel y Ana: una propuesta vacía

Con la celebración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana, el cine mexicano experimentó un posicionamiento inusual en las carteleras y atrajo la atención del público, sin embargo muchas de las propuestas materializadas en pantalla decepcionaron a los espectadores.

Pese al gran financiamiento que requieren las producciones mexicanas, muchos de los directores desaprovecharon la oportunidad que significó el interés por lo nacional que despertaron las celebraciones patrias, produjeron películas tan al vapor, que pareciera que sólo querían cobrar el financiamiento.

Salvo El Infierno y Abel, que recuerdo ahora, hubo muchas decepciones en cuanto a películas en el último trimestre de este 2010, como el caso de Daniel y Ana, dirigida por Michel Franco y con las actuaciones de Marimar Vega y Darío Yazbek Bernal.

Los cortos promocionales generaron una expectativa intensa, prometía una revisión psicológica de un hecho que cambió para siempre la vida de dos hermanos, obligados a sostener relaciones sexuales entre sí por una red de pornógrafos. Dejando el morbo de lado, prometía una revisión de las relaciones familiares, la coexistencia entre los involucrados y la forma en que resolverían ese hecho tan perverso, sin embargo nada de eso ocurrió.

Para comenzar, el cine mexicano parece empeñado en mostrarnos las tragedias de las familias con dinero, tal vez para demostrarnos que ser pobres es lo mejor que puede ocurrirnos, porque aunque la película no lo dice abiertamente, en las primeras tomas aparece la cochera de los hermanos Torres con cinco vehículos, uno para cada miembro de la familia y la camioneta familiar; aunado a lo anterior, van a vacacionar a su casa de verano con alberca, jacuzzi, cuartos más grandes que las casas de interés social y se dan el lujo de regalarle a su hijo un coche nuevo al cumplir la mayoría de edad.

Con esos detalles, es imposible que nos apropiemos de la tragedia de los protagonistas. Las actuaciones tampoco ayudan a la trama porque los secuestradores son más educados que el ciudadano promedio, detestan la violencia y para rematar permiten que los hermanos vean sus rostros, sin pensar que pueden demandarlos y dar su descripción a la policía.

En el caso de los protagonistas convencen a momentos y en otros se acartonan, resultado de la ausencia de una trama enfocada a desarrollar la psicología de los personajes y cómo les afectó el incesto. Durante los 40 minutos que siguen a su secuestro no pasa nada, sólo escenas en sus carros llorando, encerrados en sus cuartos sin decir nada, ausencia de diálogos, cuando el director debió abordar la falta de comunicación de padres a hijos, la ausencia de la cultura de la denuncia, la búsqueda de puentes de comunicación para superarlo, cómo afectó al hermano esa situación en sus relaciones de pareja, en fin, explotar la riqueza narrativa de su propuesta y vincularla al plano psicológico, emotivo y social.

Advertencia: si no la has visto no leas este párrafo. Ante la falta de desarrollo psicológico de los personajes, no entendemos por qué después de arrepentirse Daniel por equivocarse de camino y ocasionar que los secuestren, viole a su hermana en la siguiente escena. No hubo una explicación de los sentimientos culpa-amor familiar-deseo por su hermana, un debate interno a cuadro que justifique ese acto, tal vez si el director se hubiera enfocado en esa triada, el resultado sería diferente.

Aunque la fotografía, promocionales, cortes visuales, iluminación, tiempo de las escenas y el diseño son excelentes, por sí mismos no significan el éxito de la película, porque el director no aprovechó esa riqueza para fusionarla con su historia. Una metáfora rescatable sobre la falta de comunicación es el muro que divide el recibidor de la sala, donde los hermanos sólo escuchan la voz del padre sin verlo, pero nunca ahondan en eso.

Los realizadores aseguran que la intención no es el morbo ni la polémica, en lo primero lo dudo al poner el aviso basada en hechos reales, por lo segundo con ese final previsible no crearon un ápice de discusiones. Para cerrar hubiera tenido más valor si hubiera denunciado a la psicóloga que contó el caso, por violar la confidencialidad médico-paciente.
 
Publicado en Por Esto!

04 noviembre, 2010

LA INVENCIBLE NOSTALGIA

Estoy consciente que la película “The Expendables” no será catalogada como una joya cinematográfica ni mucho menos un reto a la inteligencia del espectador. Sin embargo, debo admitir que como cierre de una etapa, representa el broche de oro perfecto, no sólo por la cantidad de veteranos actores de acción que aparecen, sino porque su argumento retoma todos los elementos de las películas anteriores para contarnos la última aventura cinematográfica de Estados Unidos en las selvas latinoamericanas.

Pese a lo sencillo de la trama, logró mantenerme pegado a la butaca y en ningún momento la acción decayó. Al contrario, fue una espiral de explosiones, madrazos, balazos y navajas volando que cumplieron su propósito de desconectarme de la realidad.

A mediados de los ochentas se configuró el héroe de acción de Hollywood, protagonistas duros y directos, curtidos en mil peleas de cantinas, con armas enormes y capacidad destructiva descomunal, películas donde el trazado moral esta delimitado sin ambigüedades y con una filosofía sencilla: los buenos ganan y los malos mueren. Definitivamente salimos de la sala fracturados por la nostalgia de una época que marcó a muchos de nuestros padres y revivió noches enteras cenando frente al televisor que brincaba en medio de edificios derrumbados y helicópteros destrozados.

Estrenada en 2010, The Expendables congregó a los duros del cine: Sylvester Stallone, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren y Mickey Rourke. Esa combinación es la propuesta de Stallone para que “las mujeres dejen de preguntar dónde están los hombres de verdad”, una referencia franca de un cine que ha adoptado los héroes estéticos, vaporosos y con más cremas que las actrices.

Ese encuentro de hombres acostumbrados a abrirse camino con la fuerza de sus bíceps y municiones, significó retomar los elementos y lugares recurridos en el género de acción de la vieja usanza. Los protagonistas viajan en grandes motos a través de una ciudad oscura, prostitutas envejecidas, talleres mecánicos y salas de tatuaje para presidiarios, paisajes urbanos cubiertos de oscuridad y botes de basura repletos. Estos son los paisajes de fondo donde se mueven los héroes, quienes a golpes y puñetazos defienden el honor de sus mujeres. De ese “paraíso” son expulsados a las selvas latinoamericanas, para derrotar a los dictadores y narcotraficantes de una isla extraviada.

Sin embargo, los nuevos elementos que aparecen en la trama al principio son imperceptibles, aunque después de reflexionar un poco nos percatamos de ello. En primer lugar andan en sus motocicletas con cascos, utilizan chalecos antibalas, respetan la realidad en los combates cuerpo a cuerpo. Por esa razón Jet Li no logra vencer a Lundgren, cuestionan sus actos y reconocen su discapacidad cultural.

Un elemento nuevo que aparece es un acto de honestidad para Estados Unidos: su intervención en los asuntos de Latinoamérica, porque precisamente un ex agente de la CIA es quien suministra el dinero para sostener al ejercito del dictador, son ellos quienes exigen que se plante la droga y son ellos los ejecutores de la matanza y la tortura que sufren los habitantes de la isla. Una honestidad brutal en congruencia con los héroes que plantea la película y su propuesta implícita es arriesgada: los enemigos de Estados Unidos no provienen del exterior, sino que de sus propias filas salen los arquitectos del terrorismo.

Finalmente, en Internet me encuentro con la declaración de los protagonistas: que si logran vencer a las grandes producciones de superhéroes que abundaron este año, regresarán con un nuevo proyecto. Si es así, no sería lo mismo, definitivamente para mí es un cierre y su última incursión cinematográfica. Espero que comprendan que a veces hay que irnos por la puerta grande.

Publicado en el Periódico Por Esto! 2 de noviembre de 2010

EL DERECHO A HUELGA DE ANTONIO MEDIZ BOLIO


Por: Rodrigo E. Ordóñez Sosa
Presidente de la Red Literaria del Sureste


Buenos días a todos, estamos aquí reunidos para llamar al poeta a posarse en esta línea, como dice el maestro Raúl Renán. Sobre todo, porque he escrito estas palabras antes del incendio de la madrugada, las estoy leyendo con la ciudad teñida de ruido y el luto acechando en las esquinas; acabaré mucho antes que los obreros lleguen rotos a sus casas; y es con esos ojos que quiero hablar del escritor Antonio Mediz Bolio.

En 1907, cuando presentó la defensa de su tesis “El Derecho a Huelga”, arrojó los primeros dardos de sal a la diana de la Justicia, exigiendo lo que hoy tanta falta nos hace: unidad.

Al sumergirnos en ese libro para tocar sus paredes, enseguida comprendemos que es el poeta que arde, y, con su corazón de brasa, exige que todas las relaciones humanas estén regidas por el principio de solidaridad; comprende que el obrero debe rebelarse, por los salarios injustos o los horarios laborales excesivos; sin embargo, poeta siempre, don Antonio Mediz Bolio los exhorta a utilizar el derecho a huelga como último recurso, porque sabe que los más afectados son los obreros mismos.

Es por eso que nos dice que la huelga es “una espada de dos filos que hiere al inexperto que la empuña”, que emplea mucho esfuerzo sostenerla y la pérdida de la producción como resultado de la parada del trabajo. Por ello, exhorta a los patrones a mejorar las condiciones de sus obreros, que se preocupen por su educación y su salud, respetando sus derechos para evitar la violencia de clase.

Pero no condena el uso de ese derecho, sino que invita a agotar todos los recursos del diálogo, para lograr que el patrón entienda que durante una huelga no hay ganadores, porque él pierde su patrimonio, los obreros su sustento, y las familias su alimento.

El derecho a Huelga sería innecesario si las relaciones laborales estuvieran regidas por la igualdad, el respeto y el beneficio de ambas partes. Como el mismo señala en la defensa de su tesis: “los principios…de igualdad, de orden y de paz…triunfarán al fin, como han venido triunfando a través de los tiempos…a veces la pasión humana ha proclamado estos principios entre sangre y fuego, mal comprendiéndolos y mal ejercitándolos. Es cierto que la ambición, la soberbia y la crueldad, han llevado muchas veces falsas banderas redentoras”, pero siempre impulsando a dejar de lado esas pasiones que están hoy en día como clavos ardientes sujetando a la sociedad.

Como dije antes, poeta siempre y luchando por la esperanza desde cualquier trinchera, nos dice que asimilemos las ventajas de la civilización, que tengamos los ideales altos, que abramos nuestro corazón al amor que todo lo redime, para que caminemos con la cara de frente al sol, para que “calentando nuestras almas, ahuyentará de ellas la marchita heladez del egoísmo”.

Y es con esas ideas que alumbran nuestro sendero, con esas ideas que nos desbordan cuando miramos al mundo ahogado en la violencia, tan cotidiana ya, que la saludamos en cualquier esquina, es con ellas que sabemos que su legado esta vivo, tan vigente que rompe el luto y la tristeza de este día, porque el escritor continúa luchando a brazo partido a través de la inmortalidad de la palabra; siempre con la Literatura como cuerda tendida en medio del abismo.

Es por eso, que continuamos año con año reunidos frente a tu busto, para alejar el polvo, para que la única lluvia que descienda sobre tus hombros, sea la que nace de nuestros ojos; aquí estamos y aquí seguiremos, talvez estemos un tiempo más, talvez pronto te alcancemos, y cumpliremos nuestro anhelo de abrazarte.

Cuando le preguntaban por sus versos a un apreciado poeta yucateco, contestaba que los tenía reunidos en un libro llamado La Hoguera y a quienes lo buscarán les hacía una sola advertencia: sólo eran legibles a los cantores del fuego; y con esa idea en mente, Hermano Antonio, fue que recorrí tu Tierra del Faisán y del Venado, donde comprobé que sabe a lumbre, a incendio que no podrá contener el paladar más ártico.

GRACIAS



*Discurso Pronunciado ante el busto del escritor Antonio Mediz Bolio en la Plaza que lleva su nombre en el Centro Estatal de Bellas Artes, durante su LIII Aniversario Luctuoso.

10 septiembre, 2010

Presentan libro “Palabra y reflexión” de Oscar Ortega

Ayer se presentó el libro “Palabra y reflexión” de Óscar Ortega Arango, profesor-investigador de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Los comentarios estuvieron a cargo de los poetas Rodrigo Ordóñez Sosa y Manuel Iris. El primero destacó que el autor es un excelente maestro porque motiva a sus alumnos a cuestionar y pensar, además de que convive con ellos.

Comentó que al analizar la riqueza de aportaciones presentes en el libro se destaca que la modernidad en Latinoamérica y la nueva visión del mundo nos dejan como herencia un alma desgarrada para resguardarnos de la tormenta, de ahí que una de las propuestas del libro es mirar hacia nuestro continente para estudiar y revisar sus producciones literarias.

Exhortó a los interesados en el tema a leer esta obra porque considera que es una plataforma que les permitirá responder los planteamientos del panorama literario actual.

Por su parte, Manuel Iris dijo que hay que leer esa obra de Ortega Arango para saber cómo escribir un ensayo.

La obra fue editada por el Consejo Editorial del Instituto de Cultura de Yucatán y el CONACULTA. Reúne un total de doce textos que presentan aproximaciones a discursos literarios latinoamericanos producidos desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la primera década del XXI.

Óscar Ortega Arango es Licenciado en Lingüística y Literatura por la Universidad Distrital “Francisco José de Caldas” de Bogotá, Colombia; cursó estudios de maestría en Literatura Hispanoamericana en el Seminario Andrés Bello del Instituto Caro y Cuervo; es Maestro en Literatura Mexicana por el Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana de Xalapa, Veracruz, México. Recientemente, presentó su examen de grado en el Doctorado en Filosofía de la Universidad de Hamburgo (Alemania). Entre sus publicaciones están: “Villa y Zapata: Hombres en el papel” (2004), “Principios de interpretación del discurso literario” (2005) y “Género y representación” (2008); la colección de fascículos Educ-arte en género (cuatro fascículos) (2009), entre otros.

Publicado por Victor Lara en Por Esto! 10 de septiembre de 2010

08 septiembre, 2010

“De la vida cotidiana para contar”, una interesante recopilación

El Salón de Consejo de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) fue escenario de la presentación del libro “De la vida cotidiana para contar”, de Jorge Luis Canché Escamilla, que fue presentado por los doctores Pedro Hernández Herrera, Carlos Bojórquez Urzaiz y Rodrigo Ordóñez Sosa.

El autor, profesor e investigador en economía, en entrevista comentó que su libro recoge una serie de artículos escritos a lo largo de varios años, exactamente en el período comprendido del 2003 al 2005, tiempo en el que continuó escribiendo notas relacionadas con la vida a manera de crónicas, las cuales ha tenido la fortuna de que fueran publicadas en diversos medios periodísticos, principalmente en los diarios POR ESTO! y Tribuna, ambos de circulación regional, el primero de Yucatán y el segundo de Campeche.

Mencionó también tener la suerte de andar en diversas actividades que se dan en la vida y realizarlas con pasión e interés, lo que ha dado lugar para conformar el contenido de su presente obra, por lo que ser un observador de la vida cotidiana, el deseo de compartir las experiencias adquiridas y recibir comentarios favorables a tales escritos ha motivado está segunda entrega.

Dijo tener en claro que las exigencias son cada vez mayores al tener el interés por la pluma y la conjunción de letras que se transforman en palabras, relatos o crónicas como las que ahora se presentan, por lo que empezar a escribir con regularidad en el género de la crónica ha sido sumamente complaciente, tanto que las satisfacciones del comienzo se han sumado día tras día y la posibilidad y oportunidad de escribir sobre el acontecer, la forma de hacerlo y comunicarlo, marca la diferencia entre el que quiere y puede hacerlo.

Durante la presentación, el Dr. Carlos Bojórquez Urzaiz señaló la escritura de Jorge Luis Canché Escamilla atestigua cuanto ocurre en el entorno en que se mueve, cuyas esencias las vincula a su constante añoranza por poblados como Halachó, lugar al que lo ligan elementos incluso consanguíneos, por lo cual allá está a cada rato y apoya sin ningún interés a los editores de una valiosa revista bilingüe, por lo que ocupemos la mirada en este libro que se presenta, tomando en consideración las cosas referidas, porque ellas son la atmósfera que explica esta hermosa colección de artículos que es seguro será del completo agrado de sus lectores.

El valioso comentario del Dr. Pedro Hernández Herrera señala el magnífico e interesante trabajo editorial que no solamente recrea la alegría de vivir, sino demuestra que la economía no está reñida con la escritura y la lectura.

Por su parte, Rodrigo Ordóñez Sosa, presidente de la Red Literaria del Sureste, comentó que las virtudes del autor son inigualables por la forma en que cuenta las anécdotas en su obra, la cual hace de manera fresca y juvenil, pero sobre todo es un rescate de la historia, en este caso de lo que es la colonia Sambulá, de cómo realiza un recorrido por todos esos juegos tradicionales que se han ido perdiendo, los remedios caseros de las abuelitas, todo ese universo que engloba desde la anécdota misma en sus relatos en el libro, además de los valores que resalta el autor, como las tradiciones familiares de cómo armar el muñeco de año nuevo y todo lo que hay alrededor, como estamos acostumbrados a verlos, que pasan desapercibidos y que son esas pequeñas semillas que nos van a dar el cimiento para nuestros recuerdos.

Publicado por Luis Tamayo en Periódico Por Esto! el 8 de septiembre de 2010

06 septiembre, 2010

CHARLES BAUDELAIRE: LARGA VIDA AL REY

El primer libro de poemas que tuve en mis manos fue “Las Flores del Mal”, del poeta francés Charles Baudelaire. Con una edición que incluía apenas unas 20 de esas preciadas flores me refugié en un café para leerlas hasta agotar el licor que desprendían. Con infinidad de líneas subrayadas y unas ligeras manchas en sus bordes, estuvo conmigo en los primeros años de la universidad, latiendo en mis manos cada vez que lo releía para comprender que la poesía es un acto lúdico, rebelde, combativo, que es la vida misma cambiando con cada frase; mientras más experiencia adquiría, los poemas se transformaban en un festín de significados.

En su 143 años de aniversario luctuoso efectuado el pasado 31 de agosto, el fundador del Simbolismo Poético creó una veta de exploración sensorial para los escritores a través de la teoría de “correspondencias”, que explica la vinculación entre los aromas y los recuerdos; también, la síntesis de un universo de ideas a través de un símbolo, la ambigüedad en la significación de sus textos catalogados en su época de inmorales, herejes y que un jurado determinó que debía suprimir seis poemas y pagar una multa de 300 francos.

Con el concepto de correspondencias expandió el universo conceptual de la poesía, utilizando la experiencia sensorial para entrelazar los recuerdos y la vida cotidiana en sus poemas. Asimismo, recurrió a la perturbación de los sentidos como metáfora del trastorno espiritual del hombre ante la llegada de la modernidad urbana e intelectual a París.

Posteriormente, publicó “Pequeños Poemas en Prosa”, cuyo tema central es la vida cotidiana de todas las clases sociales, así como continúa relatando su asombro ante la renovación arquitectónica que experimentó la ciudad con la creación de las avenidas, calles y edificios durante mediados del siglo XIX.

Ante una ciudad cambiante por enormes construcciones arquitectónicas, consolida su término Spleen, esbozado en su primer libro. Dicho concepto sintetizó un estado de ánimo que aglutinó la sensación de tedio, hastío y aburrimiento envueltos por una imperceptible tristeza que se niega a abandonarnos, la cual obliga a los poetas a salir a las calles a convertirse en un espectador de los males, la alegría y las derrotas de sus congéneres, pero siempre como un observador que no interviene ni interactúa con ellos, sino que sólo consigna la realidad a través de la poesía.

Acuñó el término “paseante” para describir sus largos paseos por los barrios y avenidas que le sirvieron para observar los cambios espirituales asociados a la renovación urbana de París. Entonces, la principal herramienta del poeta es la mirada, aquella contemplación que le permite conocer la discriminación de los desposeídos que ven desde las ventanas de los lujosos restaurantes a los clientes comer, ser testigos de cómo son echados del nuevo paraíso, verlos temblar de frío y peleando todos los días por un mendrugo de pan. Por ello, la crueldad utilizada en sus poemas tiene como objetivo despertar la indignación de los lectores.

Son muchas las aportaciones que hizo el poeta, desde el impacto de los avances tecnológicos en el pensamiento, el cambio de la concepción de ciudad o la doble moral burguesa; sin embargo siempre será reconocido por el compromiso social que demostró en sus obras sin que signifique sacrificar la belleza poética.

El vigor de su renovación estética sólo encontró un obstáculo: la sífilis. En marzo de 1866 la enfermedad le produjo un ataque de afasia y hemiplejía que lo mantuvo postrado y mudo en una cama de hospital hasta su muerte en agosto del año siguiente. Así, pese a que el rey ha muerto, su voz aún tiene larga vida.

Publicado en Periódico Por Esto! el 2 de septiembre de 2010

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