Muy pocos conocen el trabajo del poeta chiapaneco Óscar Oliva en el universo de la poesía mexicana. Tal parece que el título Trabajo Ilegal signado en su recopilación de poemas es una profecía, porque los trabajos dedicados a analizar su poesía son escasos. La contribución más importante de sus textos es actualizar el lenguaje poético. Parecieran poemas dedicados a la denuncia social, cuando en realidad son metáforas del dolor y la rabia, son versos que cantan la necesidad de solidarizarse con los marginados. Son textos que sufren solamente, nacidos del precursor del dolor humano: César Vallejo. Cada quien descubrirá en Óscar Oliva la riqueza de su lenguaje y su poder para invocar el lenguaje mítico. Es una breve descripción para celebrar sus 71 años de nacimiento cumplidos el pasado 5 de enero.
Además, hace cinco años atrás iniciamos Tomás Ramos, Manuel Tejada y yo nuestra primera reunión con el poeta José Díaz Cervera, con quienes trabaje mi poemario En el Umbral del Culatazo y desde entonces forjamos un recorrido que nos llevó a muchos puertos, encuentros y desencuentros, pero es un año más de amistad y compromiso con la literatura, un año más inscritos en el Memorial del Sedicioso.
Además, hace cinco años atrás iniciamos Tomás Ramos, Manuel Tejada y yo nuestra primera reunión con el poeta José Díaz Cervera, con quienes trabaje mi poemario En el Umbral del Culatazo y desde entonces forjamos un recorrido que nos llevó a muchos puertos, encuentros y desencuentros, pero es un año más de amistad y compromiso con la literatura, un año más inscritos en el Memorial del Sedicioso.
Para finalizar un poema de Óscar Oliva que describe el compromiso del escritor con la literatura y la responsabilidad humana:
Entraste. En el cuerpo ronco, en la garganta ronca.
Entraste con los pulmones hechos pedazos, sin resurrección posible.
Con todo el cuerpo abierto, como boca roncando.
Con la frente de fuera, sin ninguna escritura.