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13 marzo, 2010

INVITACIÓN

Por este medio invito a todos los interesados a acompañame el próximo martes 16 de marzo a las 19:30 horas en la Biblioteca Manuel Cepeda Peraza para recordar al poeta yucateco Carlos Moreno Medina, quien ha caído en el olvido, es por eso queremos rescartarlo de la tirania del olvido. En la mesa participarán Marco Antonio Murrillo con la lectura de sus poemas, Rodrigo E. Ordóñez Sosa con una breve lectura de la semblanza de su vida y su obra, mientras que Jorge Cortes Ancona comentará las aportaciones que ha hizo a la literatura yucateca.
Los invito a todos y ojalá puedan acompañarnos en el rescate de un autor yucateco de la talla de Carlos Moreno Medina.

07 abril, 2009

LICANTRA:CONJURO CONTRA LA INDIFERENCIA

La construcción de un mito, personaje o mundo poético, implica recorrer los sinuosos significados de las palabras, retorcerlas hasta cambiarlas por completo, descubrir todos sus matices y multiplicar sus connotaciones. Todo eso se encuentra reunido en el libro Licantra del poeta yucateco José Díaz Cervera quien construye una palabra creando su historia, sus signos y un universo a partir de un tema cotidiano como el amor.
Licantra, una palabra retomada de la tradicional novela de terror, contiene su propia esencia, su propia constelación de significados que van de lo literario a lo cinematográfico. Sin embargo, el libro evita el lugar común de lo sobrenatural, rompe los esquemas para ofrecernos cuatro capítulos de poemas que refrescan el sentido de la palabra misma hasta convertirla en la diosa de la indiferencia y el desdén.
Arte de la precisión, la unidad de este poemario se da gracias a la consonancia temática y un buen logrado ritmo tan cambiante de acuerdo a la intención poética. Así, el primer capítulo denominado “Los Hombres de Hécate” es una paráfrasis de la palabra nombres. Díaz Cervera utiliza las acepciones vinculadas con la diosa, como son la brujería, la luna, el cementerio, las hierbas mágicas, las encrucijadas, la Luna, Reina de los Muertos, asociada a los animales como la perra y las ranas, y de esta forma titular los poemas para crear una atmósfera mágica. Principalmente en el primer capítulo que empieza con un conjuro, seguido de un canto a la Luna Nueva y Vocativo: ese es el preámbulo para invocar a Licantra.
El primer capítulo concentra su fuerza en la figura de Hécate, quien desde el inicio expone la encrucijada del poeta ante el desdén del objeto amado. Además, la diosa es la Reina de los Fantasmas que evita que el mal entre al mundo espiritual y viceversa, es la santa patrona que pretende evitar que la mordida de Licantra sea funesta y a quien se dirigen los conjuros y las ofrendas.
En el capítulo segundo titulado “La Perra, La loba”, es la transfiguración de lo cotidiano a lo mítico, la conversión del amor platónico a la realidad, y de ahí, nuevamente al pedestal. Con lentitud Licantra comprende su poder sobre los hombres, de ahí la imagen del espejo que confirma y le abre el camino a la mistificación. Con el cambio a prosa poética, el ritmo deja atrás las invocaciones y conjuros en consonancia con el estado de ánimo de la voz poética, porque la alcanza y pierde en un instante. El poeta trata de descifrarla a través de sus gestos, sin embargo ella es La Loba, ella es quien “voltea a quemarropa y siempre sorprende a alguno mirándola. Entonces sonríe e inicia otro ritual de cacería”.
En el siguiente apartado, denominado “Cantar de Licantra”, el hablante lírico cambia y entonces podemos escuchar la voz de la protagonista. Con desprecio nos habla de la consciencia de su propia carnalidad, de su vocación para la lujuria, donde sólo ahí logra reconocerse y encontrar su lugar en el mundo. Sabedora del dominio que ejerce y la impotencia de los desdeñados, concluye diciendo: “y tomaré un tren/ para ir donde estalla de lujuria/ la neblina;/ me llamaré pavor,/ me adornaré con un collar de sangre/y aullaré cuando a la luna/le crezca la migraña;/ después regresaré/ a verlos morir,/ poetas lluviosos/ sin más vestido/ que mi indiferencia.”.
Finalmente tenemos la “Balada del Bibliotecario”, quien mordido por Licantra cuenta con desesperanza la imposibilidad de recuperarla, no hay invocaciones ni conjuros, porque ya nada la ata al poeta y ahora vaga libre por el mundo, por tanto, sólo queda recoger los escombros, y advertir “voy a morir, Licantra,/ con un rumor plenilunar/ de ingles en el cuello,/ y alguien se enojará en el vecindario/ porque se le perdieron unas medias.”. Esta es la forma en que José Díaz Cervera, a través de este libro mítico, logra la mejor conjura contra el desdén y desde luego, contra la peor de las indiferencias.
Publicado en Por Esto! el 7 de abril de 2009

07 enero, 2009

A CINCO AÑOS DE DISTANCIA DEL MEMORIAL DEL SEDICIOSO Y UN ESTADO DE SITIO



Muy pocos conocen el trabajo del poeta chiapaneco Óscar Oliva en el universo de la poesía mexicana. Tal parece que el título Trabajo Ilegal signado en su recopilación de poemas es una profecía, porque los trabajos dedicados a analizar su poesía son escasos. La contribución más importante de sus textos es actualizar el lenguaje poético. Parecieran poemas dedicados a la denuncia social, cuando en realidad son metáforas del dolor y la rabia, son versos que cantan la necesidad de solidarizarse con los marginados. Son textos que sufren solamente, nacidos del precursor del dolor humano: César Vallejo. Cada quien descubrirá en Óscar Oliva la riqueza de su lenguaje y su poder para invocar el lenguaje mítico. Es una breve descripción para celebrar sus 71 años de nacimiento cumplidos el pasado 5 de enero.
Además, hace cinco años atrás iniciamos Tomás Ramos, Manuel Tejada y yo nuestra primera reunión con el poeta José Díaz Cervera, con quienes trabaje mi poemario En el Umbral del Culatazo y desde entonces forjamos un recorrido que nos llevó a muchos puertos, encuentros y desencuentros, pero es un año más de amistad y compromiso con la literatura, un año más inscritos en el Memorial del Sedicioso.


Para finalizar un poema de Óscar Oliva que describe el compromiso del escritor con la literatura y la responsabilidad humana:





Entraste. En el cuerpo ronco, en la garganta ronca.



Entraste con los pulmones hechos pedazos, sin resurrección posible.



Con todo el cuerpo abierto, como boca roncando.



Con la frente de fuera, sin ninguna escritura.

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